Elements a tenir en compte quan Junts pel Sí pressiona la CUP (1era part)

Recentment la revista local de Tarragona “Espineta amb Caragolins” va rescatar un escrit de György Luckács “sobre la cuestión del parlamentarismo” publicat a la revista Kommunismus e l 1920.

L’objectiu últim d’aquest article és animar la nostra militància, sobretot la que es considera comunista, a llegir i discutir aquell article, difícil de trobar a la xarxa però que es pot trobar si es busca la revista d’”Espineta amb Caragolins” núm. 16, d’agost de 2015, que si que és a la xarxa.

Primer de tot, penso que cal criticar una manera de raonar que utilitzem sovint i que no és del tot encertada. Sovint per contraposar la lluita al parlament ens referim al carrer, “no estem només a les institucions burgeses, també lluitem al carrer”. Va ser l’historiador Miquel Caminal qui en la seva obra sobre Joan Comorera en tres volums em va fer adonar de que aquesta contraposició era errada. Caminal, parlant de la situació revolucionària a casa nostra a 1936 plantejava que el carrer estava revolucionat, però que les tres organitzacions que s’”havien” de posar d’acord (CNT, POUM i PSUC) no estaven per la labor. El fet que no hi hagués una direcció legítima i acceptada pel poble armat al carrer va conduir aquest a la derrota. Camina parla de que no es tracta de revolucionar el carrer, sinó de revolucionar el poder. Per tant, i observant els vietnamites que més que revolucionar el carrer van revolucionar el subsòl de la selva, el que s’oposa a la lluita parlamentaria és la creació del poder popular. Un poder popular que avui es manifesta amb molta gent al carrer, però demà és editar un diari en la clandestinitat,  o generar una xarxa de suport per a pagar despeses d’advocades,…

Un cop dit això procediré recuperant algun fragment que he destacat de l’article de l’hongarès i entrarem ja en matèria: <La táctica significa la aplicación práctica de los principios determinados en forma teórica. La táctica es, en consecuencia, el nexo de unión entre la postulación de un fin y la realidad inmediatamente dada. Se encuentra determinada, pues, desde dos perspectivas. Por un lado, a través de los principios y las postulaciones de fines inapelablemente determinadas por el comunismo. Por otro, a través de la realidad histórica en continuo cambio. Aun cuando se ha hablado repetidas veces sobre la gran ductilidad de la táctica comunista (al menos, respecto de cómo debería ser dicha táctica), no hay que olvidar, para una comprensión adecuada de esa tesis, que la falta de rigidez de los principios de la táctica comunista es la consecuencia directa de la rigidez de los principios del comunismo>. Marx també deia allò de que es pot pactar i cedir en el que sigui, però mai traficar amb els principis ideològics del comunisme.

I segueix Luckács: <El parlamento, el instrumento más característico de la burguesía, solo puede ser, pues, un arma defensiva del proletariado. La pregunta por el “cuándo” de su aplicación se resuelve, pues, de modo espontáneo: una fase de la lucha de clases en que no le resulta posible al proletariado -ya sea como consecuencia de las relaciones de fuerza externas, ya sea a causa de la propia inmadurez ideológica- combatir a la burguesía empleando sus propios medios de ataque. La participación en la actividad parlamentaria significa, pues, para todo partido comunista, la conciencia y el reconocimiento de que la revolución es impensable en un corto plazo. El proletariado desplazado a la defensiva puede, entonces, aprovechar la tribuna parlamentaria con fines de agitación y propaganda; puede aplicar las posibilidades que asegura la “libertad” de la burguesía a los miembros del parlamento, como sucedáneo de las formas de expresión que le están vedadas de otra manera; puede usar las luchas parlamentarias en contra de la burguesía para concentrar sus fuerzas, a fin de preparar la lucha real, auténtica en contra de la burguesía. Se entiende por sí mismo que una fase tal puede durar, eventualmente, un lapso de tiempo bastante grande; pero no modifica en nada el hecho de que la actividad parlamentaria, para un partido comunista, nunca puede ser más que la preparación para la lucha auténtica.

<La dificultad puede ser sintetizada brevemente de este modo: el legislador comunista debe luchar contra el parlamento desde el interior del parlamento; y, por cierto, a través de una táctica que ni por un instante se coloca en el terreno de la burguesía; del parlamentarismo. No nos referimos aquí ni a la “protesta” contra el parlamentarismo ni a la “lucha” contra este en los “debates” (todo esto es parlamentarista y legalista, es una vacía fraseología revolucionaria), sino a combatir el parlamentarismo, la hegemonía burguesa en el propio parlamento a través de la acción.

<Esa acción revolucionaria no puede hacer otra cosa que preparar ideológicamente el pasaje del proletariado de la defensiva a la ofensiva; es decir que a través de esa acción la burguesía y, junto con esta, sus cómplices socialdemócratas se ven obligados a revelar su dictadura de clase de un modo que puede hacerse peligroso para la persistencia de esa dictadura. En la táctica comunista orientada a desenmascarar a la burguesía en el  parlamento, no se trata de una critica a través de palabras (esto puede ser, en muchos casos, una mera palabrería revolucionaria tolerada por la burguesía), sino de provocar a la burguesía para que esta se desenmascare a través de acciones que, en el instante dado, pueden resultarles desfavorables. Como el parlamentarismo es una táctica defensiva del proletariado, es preciso organizar la defensa de tal forma que la iniciativa táctica quede, sin embargo, en manos del proletariado y que los ataques de la burguesía resulten fatales para ésta misma.

<El parlamento debe, pues, ser saboteado en cuanto parlamento; la actividad parlamentaria debe ser llevada más allá del parlamentarismo. Pero en cuanto la representación parlamentaria de los comunistas se propone una tarea semejante, se revela otra dificultad táctica que es capaz de poner en gran peligro ese trabajo, incluso cuando parece haber sido superado el peligro del oportunismo. El peligro es que, a pesar de todos los esfuerzos que realice la fracción parlamentaria comunista, la iniciativa y, por ende, la preponderancia táctica sigan estando, sin embargo, en manos de la burguesía. Pues lo que determina la preponderancia táctica es cual de los rivales en pugna consigue imponerle al otro las condiciones de lucha que le resultan más favorables. Ahora bien, ya se ha destacado que toda circunscripción al parlamentarismo representa un triunfo táctico de la burguesía; el proletariado se encuentra puesto, en muchos casos, ante la siguiente opción: o se sustrae a la lucha decisiva (se circunscribe al parlamentarismo: peligro de oportunismo), o va más allá del parlamentarismo apelando a las masas en un instante en que tal maniobra le resulta favorable a la burguesía>.

Jordi Romeu